El Patio de Butacas es uno de esos proyectos que rompen muchos prejuicios sobre dónde puede existir una buena coctelería. En este artículo quise contar la historia de una barra situada en Pola de Siero, un pueblo de unos 13.000 habitantes, que ha sabido construir una propuesta sólida, reconocible y con discurso propio lejos de los grandes núcleos urbanos.
El proyecto de Tania López y Berto Díaz parte de una idea muy clara: trabajar desde el territorio. Sus cartas se construyen a partir de ingredientes de proximidad, de la investigación y de la tradición asturiana, como ocurre con “Melecina”, un menú inspirado en la medicina mágico tradicional del norte. La evolución ha sido progresiva, empezando por clásicos para educar al público local y avanzando hacia una coctelería de autor con identidad muy marcada.
Más allá de los premios y reconocimientos, lo interesante de El Patio de Butacas es cómo ha conseguido integrarse en la vida del pueblo y cambiar la relación de sus clientes con el cóctel. Un ejemplo de que la coctelería de calidad no depende del tamaño del lugar, sino de la coherencia, el trabajo y la conexión real con el entorno.



