Con el cambio de siglo comenzó a fraguarse una revolución silenciosa en el universo de los destilados, una transformación que, apenas una década después, desataría la fiebre del gintonic en España y llenaría las barras del mundo con miles de nuevas marcas de ginebra. La responsable de plantar esa semilla que cambió toda una industria es una mujer, Lesley Gracie, master distiller de Hendrick’s Gin.
Menuda y con una larguísima cabellera blanca, Gracie inició su carrera como química en la industria farmacéutica antes de mudarse a Escocia para trabajar en el equipo técnico de William Grant & Sons, productores del whisky Glenfiddich, entre otros. En 1999, el mismísimo Charles Gordon, bisnieto de William Grant, le encargó crear una ginebra completamente diferente, inspirada en los jardines ingleses. Por aquel entonces, la ginebra era un destilado demodé, una categoría dominada por marcas muy clásicas. Sin embargo, Gordon supo leer el cambio de tendencia: el renacimiento de la coctelería se aproximaba y la ginebra podía recuperar su protagonismo y ampliar mercado.

El nacimiento de Hendrick’s Gin
Tras ocho meses de desarrollo, Gracie dio con la receta: pepino y rosa como guiño a los jardines ingleses y a los tradicionales picnics británicos, donde nunca falta un sándwich de esta fruta. El nombre se tomó del antiguo jardinero de la casa Grant, el señor Hendricks. El departamento de marketing la definió como una ginebra “inusual” y eligió una botella negra de diseño farmacéutico para diferenciarla en el lineal. Este posicionamiento tan innovador y arriesgado se ha mantenido hasta hoy y ha dado lugar a una de las construcciones de marca más sólidas en el mundo de los espirituosos.
Charles Gordon puso a disposición de Gracie dos alambiques históricos: un Bennett Still de 1860 y un Carter Head de 1948. El primero es un alambique tradicional donde los botánicos se maceran con alcohol neutro y se destilan directamente, aportando cuerpo y profundidad. El Carter Head, en cambio, incorpora una cesta en el cuello para que el vapor atraviese los botánicos, extrayendo aromas más frescos y delicados. Otras marcas como Bombay Sapphire, que lideró junto a ellos el boom de la categoría, también lo utilizan.
La innovación de Hendrick’s radica en combinar ambos métodos. Gracie descubrió que destilar los 11 botánicos en los dos alambiques y mezclar los resultados permitía extraer aromas diferentes de cada ingrediente. La rosa y el pepino no resistían la destilación, así que se incorporan mediante una infusión final. Así nació la Hendrick’s que conocemos, cuyo “perfect serve” con pepino contribuyó en España a la moda —y locura— del gintonic-ensalada en copa balón.
Mi experiencia en el Gin Palace de Hendrick’s Gin

En noviembre visité el Gin Palace, acertado nombre con el que la marca ha denominado a la nueva y reformada destilería en Girvan. A dos horas de Edimburgo, un muro negro oculta el “palacio” donde Gracie hace su magia. Tras tocar una campana, Lesley asoma por un ventanuco y recibe a sus invitados con una gran sonrisa. El centro de visitantes está diseñado como un gabinete de curiosidades: una tortuga gigante, vitrinas con libros y objetos extraños, y dos invernaderos con plantas mediterráneas y tropicales donde la master distiller desarrolla sus innovaciones y, según confiesa, se refugia para leer.
Recorrer las instalaciones de su mano es un privilegio. Allí están los dos alambiques históricos, que han tenido que ser replicados con exactitud en los últimos años para aumentar la capacidad productiva de la destilería. Sus ojos brillan mientras nos muestra sus herramientas de trabajo y nos deja oler los 11 botánicos que componen su obra: camomila, flor de saúco, enebro, piel de limón y naranja, alcaravea, coriandro, milenrama, pimienta de cubeba, raíz de angélica y la raíz de orris, encargada de fijar los aromas del resto de ingredientes.
En su laboratorio, Gracie nos relata sus viajes por el mundo en busca de nuevos botánicos e ingredientes singulares. En Venezuela descubrió la “cola de escorpión”, que usó en una edición limitada de 560 botellas llamada Kanaracuni. El resto de sus hallazgos en la selva venezolana dieron lugar a Amazonia, una edición de Hendrick’s -disponible solo en aeropuertos- que os recomiendo probar.

Hasta ahora, Lesley Gracie ha creado ocho ginebras para la marca y espera sumar más antes de su jubilación. Midsummer Solstice nació como regalo para la boda del embajador global de Hendrick’s, inspirada en las flores del ramo de la novia. Lunar surgió tras percibir el cambio de aroma en su jardín durante la noche. Su última creación, Oasium, se basa en la flora de los oasis que descubrió en uno de sus viajes. Todas estas recetas son fruto de las ideas y experiencias de esta mujer menuda que, desde el suroeste de Escocia, demostró que la ginebra podía ser una categoría infinita y divertida.
Veinte años después, aquella apuesta por lo inusual en una categoría anclada en la tradición británica no solo transformó la ginebra, sino que sigue siendo una de las innovaciones más influyentes en la historia moderna de los destilados. Gracias, Lesley, por tu legado.
