Me encantan los objetos que sorprenden, que te arrancan una sonrisa y que, irremediablemente, quieres tener cerca de ti. Hace unos años, descubrí en la tienda Puma de Bangkok unas zapatillas que parecían sacadas de un cuadro de Lichtenstein y me las compré al instante. Es genial la sensación de mirarte a los pies y sentir que estás entrando en un cómic, con esas líneas negras y gordas que delimitan los contornos y esos colores planos y sin sombras. Felicidad en estado puro.

Esa misma sensación he tenido al descubrir esta marca china de bolsos, Jump from paper, que juega a mezclar la estética cómic con la vida real, como si fueras un personaje de «¿Quién engañó a Roger Rabbit?». Los bolsos engañan al ojo con una falsa perspectiva, cuando en realidad son planos, y dan la misma sensación de irrealidad y picardía que los bigotes y cuernos que pintábamos de niños en las fotos. La mala noticia es que casi todos los modelos están agotados y que los gastos de envío casi duplican el precio total.

El otro día leí sobre una empresa (de cuyo nombre no puedo acordarme) que te fabrica una montura de gafas a partir de un dibujo tuyo en papel, incluyendo las imperfecciones del trazo. ¿Estaremos deseando huir de la realidad a través de estos objetos «de papel» que cobran vida?

 

(Vía Compradicción)